Todo poema es de amor: una modesta aproximación a Mirta Rosenberg

Andi Nachon


 

Y agua regia, como la vía, agua de rito
que no siempre podemos trasegar
pero que hay que beber lo mismo para que el pozo
no se seque y haga arena ciega, agua sin sed.

¿Se puede escribir con ella?

A la página, mujer.

Mirta Rosenberg

 

 

 

 

Tenía que escribir un texto sobre vos, Mirta, y lo perdí. Me sonreirías de costado y, por ahí, entre una bocanada y otra, dirías qué degeneramiento. Tenía que escribir un texto sobre tu poesía, en vez, te escribo a vos. En este maremoto que son los días, murió una amiga, el tsunami laboral no me dejó hacer pie y poco se sostuvo más allá de fechas y entregas, la materia amada se me escapa y, mientras te releo, pienso en tonteras intransferibles como tu receta de berenjenas con albahaca y nueces —asadas a la plancha, nunca hervidas— o la pasta de anchoas que siempre venía al rescate cuando se caía en tu casa fuera del horario de las comidas. Entre ola y ola, empecé y perdí dos archivos: puedo escuchar tu carcajada, por ese boicoteo tangible y, más, por el temblor que da intentar poner en palabras esto que no es transferible: la maravilla ante una escritura de la que cada vez se aprende, la gratitud ante la suerte de haber cruzado camino con el tuyo.

Pienso en 1994, la Gandhi gigante de Corrientes. Yo tengo veintitrés años y por primera vez me voy a sentar a tomar un café con Mirta Rosenberg. Nos conocíamos hacía tiempo, pero igual la llamada y la cita habían sido una sorpresa. Ahora el mozo se acerca y en lugar de preguntarnos qué queremos, te mira y suelta «Ud. es escritora, ¿no?». Sin dudarlo, respondés sonriendo: No, poeta y traductora. El mozo se va dudando y yo recibo Teoría sentimental, un libro de Tierra Firme. En la tapa, en blanco y negro, el torso de una mujer es el campo donde dos manos femeninas se encuentran amorosamente. Algunos poemas de ese libro yo los conocía por lecturas: tu voz los leía con ese tono de diálogo tintineante que más adelante yo sabría vos usaba para distanciarte o encontrarte tras el filo cierto de la ironía.

No/ confundo confetti con maná, sigue siendo una clave cuando pierdo pie y es buena brújula para intentar dilucidar mi maravilla ante tu escritura.

 

 

 

 

Yo no sé: si sueno soy: Eso es todo.

 

Hay un territorio Rosenberg y su geografía está marcada por tres tensiones dinámicas que hacen a la alquimia única de su poética.

La primera tensión se asienta en la intriga y la desconfianza ante lo real: una subjetividad atenta en relación a su ahora, desde el aro de la amiga que capta la luz hasta la vida de las morenas o una teoría de la física cuántica filtradas por el tamiz de esa mirada que busca entenderse y entender, no mucho, al menos algo. Este gesto impulsa una máquina de pensamiento sensible y siempre en movimiento que durante el poema se concreta en cierta forma de conocimiento lateral. O, lo mismo sería, alguna posibilidad propia de verdad: no sé,/ mejor háblame y te creo. Así como quien reza/ sin un deseo de asceta: todo poema es de amor,/ toda guerra es interior, toda palabra/ está presa.

La segunda y la tercera tensión son amantes inseparables que se atraen y repelen en igual medida y son la materia viva de su escritura: una catástrofe natural que la voz Rosenberg cabalga como buen templario jinete de dragones. Por una parte, palabra —léxico opulento y voraz para propiciar la expansión del campo de los sentidos— y por la otra, ritmo —la musicalidad gloriosa del verso libre apoyada en un saber de la métrica para estallarla y transformar la estructura previsible en una experiencia inmanente a cada poema, al sentido que en tanto experiencia de lenguaje cada poema nos entrega. Y la cualidad Rosenberg es que, como una ninja, hace parecer fácil la pirueta que sólo años de disciplina y entrenamiento pueden lograr. Como ejemplo, todos sus versos o estos, el comienzo del tercer poema de Teoría Sentimental: La imaginación, decía, plantea más problemas que la memoria,/ que podría ir desde Sófocles a Auschwitz, sobrevivir a su historia/ y no decir palabra. Pero la imaginación no tiene tema sino la varia/ materia de la noria personal: no se memoriza una araña,/ se la sueña o se la ve en la hebra. Yo trabajo con sobras/ y con saña…

Segunda y tercera tensión tienen un plus, o un súper poder, que pocas poéticas rozan sin ahogarse: el desparpajo de la hibridación y el mestizaje. Pienso en Paisaje interior —ese libro extraño y punzante que hace de la cárcel de su presente un espacio propio a través del poema—, y se patentiza a veces así: Caer de culo/ irse al traste/ y terminar sentada/ sobre la palabra culo,/ chocarse con la realidad./ Con dos sílabas basta:/ sea culo, dolor, estar.// Sentarse y que te vengan/ a levantar. Maestría Rosenberg para testimoniar la incertidumbre de lo real, sus jugarretas, y la manera en que esta consciencia poética en tanto subjetividad encarnada les da voz en cada libro, cada poema. Dije hibridación y mestizaje: elegías, poemas ligeros, diarios, atravesados por la inmediatez trepidante de la experiencia. Todo lo humano le es afín al aparato de comprensión poético que Rosenberg gestó apoyándose en ese particular cómo que es su voz.

Y algo a subrayar: En la época de mi madre/ las mujeres eran perdurables,/ completamente hueso y carne. O esto otro: Brindé por ellos con otras mujeres/ con whisky y con cerveza/ en el planeta donde brindamos las mujeres/ por las cosas que crecen, y a pesar de ellas. Y vale aclarar que ese ellos alude a hijos. Entonces, no olvidar que la experiencia poética que despliega la obra Rosenberg es en consonancia con sus condiciones materiales: chica rosarina de los setenta, hija mujer de familia judía, madre, traductora asalariada y apasionada, poeta de los ochenta, señora y compañera de otras damas, maestra de generaciones más jóvenes. Seguro, algún matiz más se está escurriendo, pero leerla es leer cómo el entramado del poema acontece a través de esa maya, en el sentido de maravilla y pesar de lo concreto cotidiano que nos hace, y alcanza e ilumina un sitio siempre un poquito más allá.

 

 

 

 

Vas a verme,
me ves
y no sé lo que verás.

 

En el Cándido de Voltaire, hay una tensión sostenida: un optimista cree que éste es el mejor de los mundos posibles, un pesimista lo sabe. Mirta Rosenberg —Mirt— Rosenberg, gato y conejo: pienso en ella y esta idea del nihilismo irrumpe con todo su peso específico.

Entonces vuelvo a sus libros. La certeza que irrumpe es: sentido y respiración del poema. Más precisamente: sentido a través de la respiración —ritmo, sonoridad y latido— propias del poema. El árbol de palabras eligió ella como título para su obra reunida y ahí hay una pista: cierta concepción de lo real, y nosotres parte de ello, que atraviesa la obra de Rosenberg. Si, lamentablemente, éste es el mejor de los mundos posibles, es el lenguaje donde se propician otras formas de la experiencia y la posibilidad.

No, las cosas no tendrían que ser tan duras, como afirma sabiamente el poema de Kate Ryan traducido por Mirta. Verso que muches nos repetimos al extrañar la presencia de Rosenberg en nuestros días y que ahora vuelve mientras escribo esto desde un anhelo: que la poesía de Mirta, esos dones que nos acerca, circulen y toquen nuevos corazones, nuevas percepciones. Entonces, mejor, como resplandece en Cuaderno de oficio: ¡Vamos palabras adelante!/ El cuerpo las va a seguir/ Aunque me haya abandonado/ a mí. De esa forma extrema de la fe, nos habla la poética que Mirta nos legó para que, como ella, podamos seguir cantando: suspicaces, con absoluta entrega, conscientes que al final, sólo son poemas, ese lugar desde donde es posible sostener y sostenerse: El tiempo fue quien pasó: salió, subió,/ se puso y terminó. Aunque poco, no del todo/ definido, el mundo —cabeza y cuerpo—/ cobró la forma del contenido,/ agrandó la o del yo.

 

 

 

 


Andi Nachon (Buenos Aires, 1970). Es Profesora de letras, poeta y guionista. Entre 1990 cuando fue editado Siam y 2016, publicó nueve libros de poesía. En 2019, Bajo la luna editó En la música vamos, su obra reunida más un inédito que nombra el libro. También han sido publicadas tres compilaciones de su obra: Taiga no Rio de Janeiro – Ediçoes da passagem (Rio de Janeiro, 2001), Villa Ballesta/Ñuñork (Surada, Chile, 2003) y La irrupción del desorden (Kriller, Madrid, 2019). En 2007 realizó la selección y prólogo de la antología 1961-1980 Poetas Argentinas para Ediciones del Dock. En 2021 se publicó su novela Dos o tres días de fiesta.

Es profesora adjunta de la cátedra Taller de Poesía I en la Licenciatura de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires.

Desde 2013 codirige la productora cinematográfica Hain Cine. Ha guionado numerosos programas de televisión y los films: Esteros, Los adoptantes, Carnaval, León y Fefe y Beba.


Imagen superior: detalle de Mädchen mit Feuerlilien de Paula Modersohn-Becker (fines s. XIX)

Referencia electrónica

Nachon, Andi. «Todo poema es de amor: una modesta aproximación a Mirta Rosenberg». Hyperborea. Revista de ensayo y creación. 4 (2021): 188-93. https://hyperborea-labtis.org/es/paper/todo-poema-es-de-amor-una-modesta-aproximacion-mirta-rosenberg-243
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.5291493

 

 

Publicación Hyperborea
Número 04